Todos los cortos comienzan (más o menos) de la misma manera: alguien pone líquido de arranque u otro aerosol inflamable dentro de un neumático (léase carcasa, goma o caucho), crea una pequeña «mecha» rociando la superficie del mismo, trae un llama y boom! El neumático se asienta perfectamente en su llanta. A veces se necesita más de un intento, pero en general funciona bastante bien, incluso con neumáticos de gran tamaño. ¿Por qué pasó esto?

La falla de ciertos neumáticos puede ser realmente espectacular. Hay decenas de factores que tarde o temprano conducen a su colapso, que se manifiesta incluso con buenas condiciones de la carretera.

Revisa la presión de los neumáticos

Hazlo cada dos semanas y asegúrate de que sean los mismos que indica el fabricante. De esta forma conseguiremos que el coche se comporte mejor, el tiempo de frenado sea más corto y se reduzca el consumo de combustible. La presión debe comprobarse con los neumáticos fríos, sin haber recorrido más de 4 o 5 km. De lo contrario, las medidas no serán reales porque podrían haber sufrido mayores variaciones debido a las condiciones ambientales en verano.

No solo se deben revisar los neumáticos que llevamos, sino también la rueda de repuesto, porque nos podemos llevar una mala sorpresa cuando la necesitemos. Este debe ser 0,5 bar más de presión que el resto. Recuerda que la misión de la rueda de repuesto debe usarse para sacarte de un aprieto, no para llevarte a un callejón sin salida. Además, es fundamental que compruebes que tienes todo lo necesario para cambiar el neumático. Ten en cuenta que con el calor aumenta el riesgo de pinchazos y reventones y son situaciones para las que hay que estar siempre preparado, ya que no previenen.

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La forma «correcta» de inflar un neumático de automóvil

Por lo general, se usa un compresor de aire y un conector de tubo para inflar el neumático. El compresor bombea aire a través del accesorio a través del vástago de la válvula.

Ventajas

– Los neumáticos inflados con nitrógeno se mantienen estables a largo plazo porque el nitrógeno penetra poco en el caucho del neumático. Los neumáticos desinflados también muestran menos fluctuaciones de presión con los cambios de temperatura.

– Menos fugas de presión. Cuando el vehículo está en movimiento, la goma se flexiona y estira mientras rueda, desinflando lentamente el aire. Según la química, un átomo de oxígeno es estructuralmente más pequeño que un átomo de nitrógeno. Debido a esto, el nitrógeno tiene menos capacidad para escapar de un neumático y penetrar en el caucho.

– Economía de combustible Tener la presión de aire correcta aumenta en gran medida la economía de combustible. Para ser más específicos, una mayor presión de los neumáticos disminuye la resistencia a la rodadura del automóvil y reduce el inflado.

– No daña el medio ambiente. Los neumáticos llenos de nitrógeno mantienen la presión adecuada, brindan un mejor consumo de combustible y reducen las emisiones. Sin mencionar que prolongan la vida útil de los neumáticos, reducen la demanda de neumáticos y recursos naturales por parte de los propietarios de automóviles.

– Sustentabilidad. Los neumáticos de nitrógeno tienen una vida útil más larga porque no tienen las propiedades corrosivas de los neumáticos de aire estándar.